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XII informe estado de la nación | martes, 14 de noviembre de 2006 | ||||||
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Tiempo de transición política
Por tercera vez en su historia, el Informe Estado de la Nación sale a la luz en tiempos de transición política. Cuando esto sucede, el Informe documenta lo acontecido en el último año de un período constitucional, presenta los resultados electorales y se detiene en los principales desafíos del desarro-llo humano sostenible con los que el nuevo Gobierno y la sociedad se topan, y que no necesariamente enfrentan. Estos años de transición son complejos, aunque por lo general han sido de bajo riesgo mani?esto para esta publicación1; también son años en los que se renueva cierta esperanza. De esta manera, todo parece indicar la necesidad de otorgar el énfasis mayor del Informe a las relaciones políticas. Pero no podemos ignorar que lo político, en la Costa Rica de hoy, condensa y expresa la acumulación social de un largo peregrinar de más de una década, no siempre fácil ni lineal, en la modifcación de un estilo de crecimiento económico y de distribución de oportunidades entre las y los habitantes del país. Época insuficiente y de malestar ciudadano Como lo sintetizó el Décimo Informe, el último decenio no fue una época de estancamiento, tampoco otra “década perdida”. Sin embargo, desde una perspectiva estratégica, fue una época insufciente que, además, partió de una situación menguada por la crisis de la deuda de los ochenta. La nueva eco-nomía resultó muy dinámica, pero con débiles encadenamientos. La ausencia de políticas de fomento a las activida-des productivas de la mayoría de las empresas (micro, pequeñas, medianas) ha sido señalada como una de las de?-ciencias más severas en las acciones adoptadas en Costa Rica para impulsar el crecimiento económico con bienes-tar para la gente. Así, las políticas de fomento se desplazaron principalmente hacia sectores de la nueva economía, con débiles encadenamientos sociales (no generan empleo en forma masiva), productivos (importan sus insumos, rea-lizan escasas compras internas, envían sus ganancias como pago a factores externos) y ?scales (pagan pocos o del todo no pagan impuestos), con algunas excepciones notables, como pueden ser el turismo ecológico y ciertas activida-des agropecuarias de exportación no tradicionales.Una época que inició con la consolida-ción de un nuevo estilo de desarrollo se encuentra, hoy en día, con una sociedad enzarzada en crecientes con?ictos dis-tributivos sobre posesiones y posiciones. El crecimiento por sí solo resultó insufciente. La advertencia consignada en el Segundo Informe Estado de la Nación, sobre la necesidad de combinar metas económicas y sociales para salir del atascadero era, además de ética, extremadamente realista: crecimiento y estabilidad con fortalecimiento de la inversión social y redistribución del ingreso en favor de los más pobres,siguen siendo los grandes imperativos de nuestra nación. La forma en que se concretaron estos propósitos a lo largo de la última década fue: 4% de mayores ingresos para los sectores más pobres,6% del PIB para educación, 4% de inflación y 6% de crecimiento anual.Pero solo se avanzó parcialmente en algunas partes de ese conjunto; en otras se involucionó (Programa Estado de la Nación, 2004). Lo que se pretendía fuera el incremento del ingreso adicional a favor de los más pobres, se convirtió en un decremento de casi el 50% en los ingresos de estos, que pasaron de apropiarse el 6% del ingreso nacional, a obtener tan solo el 4% (INEC, 2006). Además, en los años recientes se deterioraron los ingresos autónomos de los hogareso de los ocupados, así como los ingresossociales; ambas reducciones afectan a la población de manera generalizada.
Así las cosas, no es posible
esperar un clima entusiasta mientras se achican los ingresos,
aumenta la desigualdad, se reducen los ingresos sociales, se deterioran
servicios básicos de salud, seguridad, vialidad y, al borde
del paroxismo, se acumula un crecimiento muy notable del PIB,
de las exportaciones y, también, de las ganancias del sector
financiero. Nueva economía boyante, pero sin mayores encadenamientos
productivos, sociales y fiscales, magros resultados para la gente.
El proceso electoral mostró
un sistema político asediado por el malestar ciudadano.
Abstención elevada, clima electoral frío, participación
limitada y un resultado sin triunfadores. Nadie tiene el poder
suficiente para reclamar un mandato y desarrollar exclusivamente
su propio programa; ninguna de las principales fuerzas acumuló
más allá de una cuarta parte del electorado Para poder sacarlas adelante es necesario reducir el temor y la desconfianza recíproca entre las fuerzas políticas y sociales, que han resultado paralizantes en los últimos años. En nuestras relaciones de confianza todavía vivimos algunos de los efectos de la última “guerra caliente de la Guerra Fría” que se libró hace pocas décadas en Centroamérica. Pero ni siquiera aquella polarización alcanza ya para cimentar un apoyo específico a la política. Ahora, la valoración de la democracia se forja en los puntos de contacto directo entre la ciudadanía y las instituciones. La eficacia, el buen trato, el uso adecuado de los recursos, la ausencia de corrupción y tráfico de influencias, el castigo a los que incurren en falta, son lo que cuenta para lograr legitimidad. En este sentido, el impulso, desde la política, de un conjunto de reformas económicas restrictivas muy de fondo, incluido el achicamiento del Estado, ha generado una distancia creciente entre una promesa electoral de mayor bienestar, una Constitución que la consagra y “las duras realidades de gobierno”. En consecuencia, se duda de la política, de los políticos, prácticamente de cualquier representación, sea política o social, de la estructura institucional y hasta de tener un destino común como nación. Gobernabilidad es el nombre del juego Estos son problemas de gobernabilidad prácticos y acuciantes, que se agudizan con algunas tendencias del Estado. El logro de transformaciones para mejorar la eficiencia de las instituciones se ha dificultado por muchos motivos, entre ellos el estrujamiento generado por el servicio de la deuda y la escasez de recursos. Se dejó de lado a un “funcionariado” estable, con margen de autonomía técnica, y se sustituyó el mecanismo de descentralización institucional por una coordinación basada en la influencia política. Hoy la toma de decisiones no se basa finalmente en los planes y objetivos forjados en muchas instituciones, sino más bien en las decisiones de directivos nombrados según el “cuatro-tres”, que se convierte en “siete-cero”, cuando hay repetición de partido en el Gobierno. Se pierde así responsabilidad y autonomía alrededor de la misión institucional. Por supuesto que se han creado contrapesos, en la forma de trámites y controles, que no necesariamente sorprenden al “clientelista”, al corrupto o al despilfarrador, pero sí causan entrabamiento. Además, en razón de los cambios en la correlación de fuerzas y de prácticas políticas, en la Costa Rica actual no se puede gobernar ni administrar objetivos, ni construir coaliciones con algún grado de estabilidad; apenas se pueden crear mayorías parlamentarias fugaces, con alcances reducidos y logros mínimos. Es poco lo que se puede hacer, es muy inestable lo que se logra, esmucha la impaciencia ciudadana que se genera. Así, sistemáticamente no solo pierde el partido político en el Ejecutivo, en medio de acusaciones de ineptitud y falta de rumbo, sino que pierde, y mucho, el sistema político en su conjunto, como se ha podido constatar y como queda documentado en el presente Informe. El Informe Estado de la Nación
La extensa cita de Munro que se
consigna en el recuadro 0.1 nos recuerda la importancia de saber
valorar los caminos singulares que recorrió el país
en el pasado, así como la necesidad y conveniencia de retomar
esa senda. Pero también, reconociendo la diferencia de
escalas, permite confirmar la tarea del Informe Estado de la Nación:
dotar a la sociedad de instrumentos de fácil acceso para
conocer su evolución, desarrollar instancias de rendición
de cuentas, fortalecer mecanismos de participación y negociación,
y contribuir a la formación de consensos nacionales. Esta
es una iniciativa independiente, cuya misión es mejorar
el acceso de la ciudadanía a información amplia,
oportuna y veraz sobre los asuntos de interés público.
Informar es construir democracia y favorecer canales de procesamiento
de intereses, y hasta de conflictos.
Rigor académico.
El Informe tiene como fundamento la articulación de las
capacidades de investigación de las universidades
http://www.estadonacion.or.cr
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