| martes, 16 de diciembre de 2008 | ||||||
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Desde que la gerencia estratégica implementó los pasos que, al menos en
teoría, la mayoría de los empresarios utilizan para articular su
empresa, como lo son el establecimiento de la visión, misión, metas,
objetivos, estrategias y todo lo que en ella se plantea, la lucha por
convencer a los empleados, socios y colaboradores de conocer,
internalizar y defender el sueño y la orientación de la empresa no ha
cesado.
Las inversiones, por llamarlas de algún modo, que se hacen para implantar la visión y la misión de la empresa como algo propio a quienes la hacen posible van desde pequeñas calcomanías que se colocan al reverso de los pases de identificación hasta jornadas de particulares precios que derrochan tiempo y dinero debido a que su impacto pocas veces suele ser medido. Cursos, seminarios, charlas y mensajes a través de la intranet, periódicos corporativos y cuanto medio visual, auditivo y/o escrito sea posible.
Sí, así es, tales palabras provienen de términos propios de la jerga utilizada por los físicos, y han sido simplemente extrapolados al mundo administrativo. Este tema es ampliamente expuesto en mi libro Gerentes Ineptos.
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