| domingo, 19 de octubre de 2008 | ||||
Página 1 de 2 Era el último
día, después de varios, de capacitación a un buen número de personas
del sector comercial (ventas, marketing y administración) de una empresa
pequeña en pleno proceso de crecimiento (y adaptación). Se había
trabajado duro y creí oportuno que ese día lo utilizáramos, a modo
de síntesis, para evaluar las acciones que creían posible implementar,
en lo inmediato, para mejorar la performance de cada uno de los asistentes,
del sector y de la empresa en general.
El trabajo se efectuó en cuatro grupos. A la hora de compartir sus opiniones, surgió que era necesario mejorar la comunicación interna. Los grupos coincidieron en marcar un divorcio entre los directivos y ellos. Mi propuesta fue la de focalizar en aquello que ellos podían hacer para unir, esa “supuesta” (no soy muy crédulo) separación. La vida me ha enseñado que para que exista una patada se requiere, indefectiblemente, una cola y un zapato.
Alentando la
búsqueda de soluciones les sugerí que nombraran al proyecto “reconstruyendo
puentes”. Aclaré que ya que estábamos se incluyeran a los
clientes y a los proveedores, para que de esa manera la empresa se nutriera
tanto de lo interno como de lo externo. La conclusión debía ser sintética
y clara. El trabajo se le debería presentar a los directivos esa misma
semana.
Resultó una
estupenda experiencia. Cuando faltaba algo menos de una hora para terminar,
ingresó al salón uno de los dueños (el mayoritario) de la empresa.
Saludó y preguntó cómo había transcurrido la capacitación.
Le comenté
que habíamos aprendido bastante en un ambiente de respeto, confianza
y con mucho humor. “Justamente, ahora, el grupo está
preparando un plan para presentar a los directivos e
implementar algunas acciones que pueden
tener un impacto positivo para la empresa”. El dueño, mirando a todos los presentes dijo: “espero que todo esto no sea otra masturbación contra el paredón y que propongan acciones contundentes”. La cara de los asistentes cambió de inmediato. De la alegría se pasó a la frustración. Lo único que atiné fue a decirle: “los muchachos ya están grandes para eso, ellos quieren hacer el amor”. |
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