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Directorio de Empresas Industria Negocios Costa Rica
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Haciendo el amor contra el paredón

domingo, 19 de octubre de 2008
Índice de artículos
Haciendo el amor contra el paredón
Segunda Parte

Haciendo el amor contra el paredón (II)

“No es fácil construir el puente si de cada lado se desconfía en el que debe construir del otro lado. Uno porque "los boludos incompetentes no saben hacer las cosas como yo quiero" y el otro porque "a ver si hago algo equivocado y me levantan en peso; mejor dejo todo igual...". Para achicar distancia hay que conciliar, aceptar otros modos y en definitiva llegar a un punto de acuerdo. Hoy no hay predisposición....”. 

Este es el generoso aporte de uno de los involucrados en el relato original. Muchas veces no consideramos que la vida es un encadenamiento de momentos, de circunstancias, de situaciones. El cómo vivimos esos momentos es una decisión nuestra, personal. Al abrir el diálogo, esto es una manera de hacerlo, va surgiendo lo que cada uno siente y esto es construir, aunque no nos parezca, un puente. Hay mucho por explorar en nuestro interior, en nuestras creencias, en nuestros modelos mentales. ¿Qué pensamos sobre esto o aquello otro? Hasta incluso lo que suponemos sobre la construcción de puentes. 

El diálogo oficia de puente. Para que exista se requieren como mínimo dos. Esto es aprendizaje. Si nos quedamos embelezados con nuestras posiciones individuales y no estamos dispuestos a una revisión conjunta, no hay diálogo. Resistencia y resignación abundan en las organizaciones y en nuestras vidas.  

Es cierto que nuestras decisiones están influenciadas muchas veces por las decisiones y/o acciones de otros. De eso se trata la vida; de una continua interacción con otros. Somos seres sociales. Nuestra vida se carga de sentido cuando nos relacionamos con otros. Con algunos coincidiremos y con algunos no. Algunos nos darán la razón y otros la refutarán. La vida nos empuja a vivir, a hacer y a revisar lo hecho. El otro nos ofrece, siempre, un espejo en el que podemos vernos. Algunas veces nos gusta lo que refleja y otras no. ¿Qué hay mío en esto que veo en el otro? ¿Quién no ha tratado a alguien de incompetente alguna vez en la vida? ¿Quién no ha creído que las cosas solamente se hacen como nosotros decimos que se hacen? ¿Quién de nosotros no se ha comportado “algo” cerrado y autocrático? ¿Quién de nosotros no se ha sentido alguna vez ser el portador de LA verdad? 

Un amigo me decía (un poco en serio y un poco en broma) “muchas veces tengo ganas de salirme del sistema, irme a Miramar y dedicarme a vender carnada para los pescadores”. Él no se está escuchando bien, en realidad continuaría estando adentro del sistema; en lugar de hacer lo que hoy hace, se dedicaría a otra cosa. Estaría interactuando con otra gente, pero seguiría interactuando dentro del sistema. Hasta es muy posible que algunos clientes se quejaran por la mala calidad de su carnada o por sus precios altos y hasta, tal vez, tendría que competir con algún otro que decide ofrecer lo mismo que él y a menor valor. 

Mi maestro Miguel un día me dijo: “Oscar, en el Himalaya, con algo de esfuerzo, es fácil lograr vivir en armonía, lo complicado es que lo logres en plena ciudad. Allí es, en tal caso, donde podrás evaluar tu crecimiento”. 

Sin duda, cuando uno de los lados no tiene intención de acercarse al otro se complica la utilidad del puente construido. El encuentro se produce en el medio. Los puentes se construyen para ser transitados, para unir las partes des-unidas (aisladas). “Si entre hermanos se pelean, se los comen los de afuera (competidores)” nos dice Hernández. 

Uno puede pasar al otro lado, quedarse un rato, pero siempre tenemos que volver a nuestro lado, a nuestro espacio, a ser quienes somos. Quedarnos en el otro lado se convierte en un destierro.  

Este no es un caso aislado (vaya la coincidencia, las islas para comunicarse entre sí, requieren de puentes). Lo vivimos a diario aunque puede ser que no nos demos cuenta.  

Pretendemos construir puentes y que la construcción resulte simple y además, rápida. Nos acostumbramos a lo express, a lo inmediato. El diálogo es un arte, requiere tiempo de aprendizaje. Nunca lo habremos aprendido del todo, siempre nos queda algo nuevo por aprender.  

Vivir al diálogo como algo imposible de alcanzar “alivia” la cosa, no hacemos nada, aunque el precio que pagamos por ello sea el de comer bronca, impotencia y resignación, castigando a nuestro propio cuerpo. Nos estresamos, nos deprimimos y la solución que vislumbramos es irnos del sistema. Matamos a los perros para erradicar a la rabia. 

Construir puentes no es cosa simple. La simpleza pasa por usar estas metáforas, lo complejo es la puesta en acto de la palabra. Sostener a la palabra con la acción. 

Creo que siempre es bueno comenzar con la tarea propia. Ir armando todos los puentes que creemos necesarios. No vale la pena “creer” tanto en lo que “sabemos” que sucederá del otro lado. Para esto necesito confianza en mí mismo, en saber lo que deseo. Entregarnos a la sorpresa, a la incertidumbre. Adelantarnos a pensar que nada ocurrirá no es generativo, en este caso motiva el no hacer. Si las expectativas son muy grandes puede sobrevenir el desánimo o la frustración. Lo vital es lo que hago y lo que ese hacer aporta a mi existencia, lo que siento mientras estoy haciendo. El resto es masturbación mental que gasta nuestra energía sin miramiento alguno y además, sigo sólo, marginado. 

Es posible que mientras estoy en plena construcción me de cuenta de algo que no había tenido en cuenta al iniciar la tarea. Esto es lo que nos perderíamos si no nos ponemos en marcha. También puede ser que aparezca algún otro a ayudarme en la construcción y hasta por qué no, que los del otro lado se entusiasmen con la obra y comiencen a construir su parte. Vaya uno a saber lo que puede suceder… 

Un maestro se encontró con un discípulo que deseaba alcanzar la verdad. El maestro le hizo el siguiente planteo: mandaron a un niño a comprar 5 manzanas. ¿Cuántas manzanas son las que traerá el niño? El discípulo, pasado un rato, no contestaba. El maestro, sonriente, le expresó que el resultado era relativo. Podía ser que se hubiera comido una en el camino, que se le hubieran caído un par, o que en el camino hubiera convidado a algún amigo con una o dos manzanas, o que hubiera perdido el dinero y no pudiera comprar ninguna manzana,…. 

Desde Einstein hasta nuestros tiempos, todo es relativo. Lo fundamental, siempre, pasa por nosotros, por lo que estamos haciendo aquí y ahora.

 

Me he encontrado muchas veces pulseando para ver quien era el que debía pasar al otro lado del puente. Mientras tanto ni vendía lombrices, ni comía manzanas y como dice Serrat: “…y me encontraba chupando un palo, sentado sobre una calabaza”.

 

A los pocos días el gerente comercial de la empresa me solicitó conversar unos minutos sobre la capacitación ya que no  había podido estar el último día por compromisos con un cliente del interior. Mi único comentario fue para destacar el proyecto que había surgido del grupo (más de 20 personas). “Creo que es necesario reconstruir puentes”. El, con cierto dejo de confusión, estuvo de acuerdo. Su duda, coincidente con la mía, pasaba por cómo lograrlo.  

Si las necesidades de uno (la gente) y las del otro (el directivo) no coinciden en tiempo y forma, como decía Pers "no hay nada que hacer". Y el nada que hacer es un punto de partida, que nos lleva a replantearnos profundamente nuestra posición. 

Mucha gente termina trabajando por lo que le pagan, y cumpliendo con lo que tiene que cumplir, sin disposición a hacer algo más de lo que está pautado, hay, a lo sumo una obediencia  a los mandos naturales. Muchos directivos, quizá sin la intención de hacerlo, en lugar de avivar el fuego creativo e inspirador, le echan, sin ningún miramiento, baldes de agua helada. 

No volví a contactar a ninguno de los asistentes. Ese día sentí mucha bronca por el maltrato gratuito, aunque contundente. El directivo no se dio cuenta de que su comentario podía resultar desafortunado e hiriente, ya que justamente la acción de reconstruir puentes tiene que ver con los otros, con el respeto de las individualidades y con la interacción voluntaria. No se trata de actos solitarios y derrochadores de energía, sino de sinergia pura. 

El divorcio expresado por la gente quedó “aparentemente” comprobado. ¿Quién puede revertir esta situación? No me cabe la menor duda que es entre todos. Me inclino a utilizar la figura de una momentánea des-unión y no caer en la tragedia del divorcio. En las tragedias suelen morir sus protagonistas. Soy proclive a las aventuras, donde los protagonistas sobreviven al final de la historia. Apuesto, siempre, al amor que cada parte siente por lo que hace. 

Lo rico de la imagen del puente es que un puente no utilizado por ambos lados es como si no existiera. No solo hay que construir puentes, sino usarlos. 

Lo generativo se dará cuando se abra un diálogo entre las partes. Cada una dando a conocer su percepción sobre el presente y un futuro que inevitablemente los debería unir. Cada lado reconstruyendo el puente desde su lado. Incluso, por qué no, construir un puente nuevo.

 

Para que existan las soluciones, los directivos deben hacer lo suyo. Ellos, también, tienen que ejercitarse para poder pensar sus negocios y empresas partiendo desde otros supuestos, de lo contrario nada cambiará y lo que puede resultar peor, la distancia entre la cúpula y los dirigidos corre el riesgo de agrandarse, repercutiendo inexorablemente sobre la performance de la organización. Todo termina en una pulseada inconducente, algo muy parecido a lo que el dueño de la empresa no quería. Un verdadero ejemplo de una profecía auto cumplida.

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