| viernes, 23 de marzo de 2007 | ||||
Página 1 de 2 Siempre sentí atracción por la temática de la "resolución" de los conflictos organizacionales. Tanto de esos que ponen en riesgo la continuidad de una organización como la de aquellos otros que influyen en la performance de la misma, aunque a fuerza de costumbre se fueron incorporando a lo cotidiano, para dejar de ser lo que son y pasar a formar parte de la "personalidad" de la organización.
En mis comienzos, enamorado de frases leídas o escuchadas, he intentado "resolver" conflictos comenzando por el "qué" o por el "cómo" sin tener en cuenta a "quiénes" estaban involucrados en la cuestión a resolver. Con el tiempo, y un cúmulo de experiencias cosechadas, he comprobado que la técnica suele "quedar chica", en la medida que no se contemple al empresario o dirigente como sujeto activo del conflicto a resolver. Además, asumí que mi participación se reduce a un intento para que ciertas cosas puedan resolverse, sin duda, un enfrentamiento personal, muy saludable y aliviador, a mis propios límites.Las frases armadas, muy lejos de aportar soluciones, se terminan convirtiendo en un intrincado laberinto del que resulta muy difícil salir. En más de una oportunidad me he encontrado en organizaciones que operaban con una estructura laberíntica, lo que permitía "patear las cuestiones hacia delante". A fuerza de imaginación, casi siempre se pueden dilatar decisiones. De allí, el famoso: mañana empezaré... Siendo honestos, ¿quién no ha dilatado asuntos? Lo "tramposo" de esto es que el tratamiento de "las cuestiones" se hace desde afuera, no desde el mismo corazón del laberinto. Relatamos nuestros conflictos "como si" no fueran nuestros, "como si" en cualquier momento las paredes del laberinto en el que nos encontramos fueran a desaparecer y despejar nuestra visión. "Como si" todo se fuera a solucionar como por arte de magia. "Como si" mantuviéramos el control de la situación. Con el tiempo, comprobamos que esto no era así y terminamos reconociendo que todo se ha tratado de una ilusión que operó "como si" fuera LA realidad, la única. De hecho esto es así. Se trata de nuestra realidad que por alguna razón, en un momento determinado comienza a molestarnos. Estar atentos a esta molestia es la clave para desmantelar un potencial encadenamiento de ilusiones. Meternos en el conflicto no es otra cosa que "ser sujetos" del mismo. Enfrentarnos a la responsabilidad que nos compete por ser, al menos, parte del mismo. Muchas veces, incluso, somos generadores del conflicto y otras, hasta el mismo conflicto. |
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